CONSEJO DIOCESANO DE MISIONES.

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Sep 17

Nos escribe Ángeles-Olga Castro García, misionera del Sagrado Corazón

Desde la Misión de Taza (Marruecos)

Hace muchos años que soy misionera, y como todas las cosas..., tuve que aprender a serlo. Entré en una Congregación exclusivamente Misionera: la Compañía Misionera del Sagrado Corazón. Estudié en Estados Unidos y comencé trabajando en Texas, con mejicanos que cruzaban clandestinamente la frontera..., algo parecido a lo que pasa con los emigrantes subsaharianos de hoy en día..., y luego trabajé muchos años en Colombia, en la selva chocoana con indígenas y morenos. Allí realicé diversas actividades, desde formar catequistas, animadores de base... hasta llevar la dirección de una escuela primaria..., y me sentí feliz en la misión... Y salí de Colombia convencida de que lo que yo era, en ese momento, se lo debía no solamente a mi Congregación, sino a la gente con la que yo había vivido y trabajado...

Y buscando una "misión nueva", estoy en Marruecos desde hace 13 años..., y todas mis experiencias y vivencias de lo que era la misión y el trabajo en ella..., han quedado en un lado... y voy profundizando cada vez más en el sentido y la esencia de la misión..., que este país musulmán, con su cultura, Religión y con su gente, me va descubriendo en el día a día...

Somos una comunidad de tres hermanas: dos españolas y una congoleña. Vivimos en una ciudad pequeña: "Taza", en el centro de Marruecos, ciudad rodeada de montañas y pequeñas aldeas, que hace que sus habitantes, tengan un origen campesino y que así sea también su mentalidad son gente alegre, sencilla, y acogedora. Nos relacionamos con gente de un nivel económico muy sencillo y pobre, y muchos son analfabetos..., hablamos su dialecto, es decir el árabe marroquí, y nos acercamos a ellos desde la amistad, intentando que nos sientan de igual a igual, que se sientan aceptados y comprendidos por nosotras..., les visitamos muy frecuentemente y ellos nos visitan..., hay un intercambio constante..., los acogemos en nuestra casa de la misma forma y con las mismas cosas que ellos nos acogen en la suya..., nos invitan a celebrar con ellos sus fiestas religiosas y familiares, y nosotras, celebramos la Navidad con ellos..., claro que esta celebración se puede prolongar por dos semanas o más porque van viniendo por grupitos...

Aquí, se empieza a vislumbrar un poco lo qué es la esencia de la misión: compartimos nuestra vida y lo que somos cada uno, y en ello va, nuestra experiencia religiosa... Somos testigos del Amor de Dios y anunciamos la buena noticia de ese Dios que nos ama con nuestra vida y en conversaciones que vamos teniendo con la gente..., y ellos hacen lo mismo con nosotras... Construimos ese Reino de Dios juntos, poniendo cada uno, nuestro granito de arena para que pueda existir un mundo mejor... Y de la forma que sea... no sé cómo... pero, agarrados de la mano... Dios también nos recibirá juntos en la otra vida...

Siempre se habla de estas misiones como "Comunidades de presencia", pero, nosotras también trabajamos mucho, aunque quizás de distinta forma que en las misiones tradicionales... Nuestra hermana congoleña, es enfermera y trabaja en el hospital público en la sección de los niños, y ahí es donde acuden los más pobres y necesitados, sobre todo de las montañas. Otra hermana, trabaja con un grupito de mujeres que hacen el bordado tradicional y venden sus productos. Y yo, trabajo en una Asociación Marroquí para ayudar a niños minusválidos..., visito a muchas familias y a veces soy intermediaria en operaciones para niños, con una Asociación española...etc. Y cuando vemos que es necesario ayudar económicamente en una enfermedad, estudios..., o cuando entregamos materiales para los niños de la Asociación... siempre hemos dicho a la gente, que no es dinero nuestro..., sino que es gente de España o de otro sitio, que nos da dinero con el fin de que los ayudemos..., y si no nos dan, pues no tenemos..., y ellos lo saben y aceptan sin problema... Y a través de todo esto, nuestra gente se va promocionando como personas, como mujeres, desarrollan valores importantes para la convivencia, se sienten queridos..., que valen... etc.

Como veis, son cosas muy pequeñas lo que podemos hacer y con grupos pequeños, pero, en ellas, ponemos todo nuestro cariño y entusiasmo..., porque sin salir al encuentro de la gente, no hay misión, y sin ellos, el Reino de Dios, que ya está entre nosotros, ni se descubre, ni se desarrolla... y quién lo dude..., ¡que venga y lo vea...!.

Intenciones misioneras

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